Un verde claro y un carmín encendido

Hoy despertaste con ganas de una caricia, un abrazo y un hombro para recostar la cabeza. Tu corazón tiene ganas de salir y volver a perderse por allí, por alguna calle melancólica, que se parece mucho a esos jirones estrechos y sin faroles del Centro de Lima. Levantas la mirada y te deprimes. No hay estrellas. No hay luna. Y hace frío. ¡Cuánto darías por un susurro que te caliente el rostro y, de paso, el alma! Las horas pasan. El tiempo también. Pero tú pareces perdida en el tiempo y las contradicciones de tu naturaleza.

Buscas formas diferentes de vivir sin deberte nada. Tu sueño de un amor compartido, de un amor suavecito muy lejos de la ciudad, se hace realidad. Sin buscarlo, aprendes a amar hasta la locura. Y no te refieres al hecho de perder la cabeza por un chico que te empieza a interesar, sino al amor comunitario:

cuando sales a marchar a las calles

cuando planeas con tus amigos la formación de un partido político

cuando entrevistas a líderes indígenas

cuando te amaneces en un karaoke con tus mejores amigos

cuando gritas descontroladamente en los centros comerciales y tu amiga te dice que te calles.

cuando sales con tu madre y tu hermana a beber cocteles de algarrobina y brindar por la tesis que aún no terminas.

Eso es el amor para ti. Ya no es un cuento de hadas con final romanticón. Tu mal de amores está en calma. Tus emociones no tienen apuro. Y aunque a veces, como hoy, tienes ganas de encontrar a alguien con quien compartir tus sueños, temores, escritos y peleas, sabes que eres capaz de amar de otra forma. Por ejemplo, cuando te entregas a las comunidades, a tu familia, a la tesis y a tus amigos. Y amas. Amas hasta la locura porque no quieres desamarte, desarmarte, desalmarte.

images_2

Desnudo Azul II, by Henri Matisse

Echas tu suerte con los pobres de la tierra. Dejas que el arrullo de la sierra te consuele más que el mar. Tus versos son de un verde claro y de un carmín encendido. Sigues siendo un ciervo herido que busca en el monte amparo. Guantanamera.

Unsung psalm / Salmo (NO) reconocido

«Some would call me a cheat, call me a liar

Say that I’ve been defeated by the basest desired

Yes I have strayed and succumbed to my vices

But I tried to live right».

«Algunos me llamarían un tramposo, me llamarían mentiroso

Dicen que he sido derrotado por el más vil deseo

Sí, me he desviado y he sucumbido a mis vicios

Pero traté de vivir bien».

Tracy Chapman dice que le hubiera gustado tener una túnica blanca, estar envuelta en una luz celestial, pero no puede. Se siente caliente y mojada. Siente calor y es la pasión. El amor que no se puede negar. Y no se arrepiente, pero siente tristeza por el dolor que ha causado.

Quizás estas también fueron las palabras del Gaucho Cisneros, el General del Ejército que aprendió a vivir de planes y no de sueños. No. En realidad, no son palabras del Gaucho, sino del padre que engendró Renato Cisneros en la novela «La distancia que nos separa». ¿Por qué se le hizo tan primordial «descubrirlo, escribirlo y convertir» su relato en una especie de ofrenda? No lo sé, pero pienso que tal vez tengan relación con las cosas que en mí surgieron, mientras lo leía: La necesidad de reencontrarme conmigo, de saberme parte de algo, de conocer mis raíces, de dejar de ver a mi padre como un problema.

El Gaucho, aquel villano nacional de los años setenta y ochenta, también era humano. Y estaba hecho de heridas. Su uniforme de general fue solo la venda, la parte visible. Por dentro, las heridas sangraban, y los sueños eran presos de sus propias balas. ¿Cómo amar el tiempo de los intentos cuando tus juramentos deslenguados se apagan y no terminan como los cuentos de hadas, con finales felices para siempre? ¿Cómo amar la hora que nunca brilla cuando tu familia militar te condena por defender la poca honra que le quedaba a tu país?

«If there is one thing I know I know I will die

If anyone cares some stranger my critique my life

I may be revered or defamed and decried

But I tried to live right».

«Si hay algo que sé es que me voy a morir.

Si a alguien le interesa, algún extraño me crítica mi vida,

Puedo ser venerado o difamado y denunciado

Pero traté de vivir bien».

El Gaucho dejó de sangrar el día que murió. Cada palabra del relato de su hijo es una herida que cicatriza y lo hace más parecido a Renato. Es decir, más humano. Al imaginar a su padre, no puedo evitar pensar en el mío. Y en lo problemático que ha sido para mí su existencia. Él murió cuando tenía dos años, pero hasta ahora me persigue. Él y el que me haya enterado de que tenía otra familia, otros hermanos, y que existió una mujer que lo marcó antes que mi madre.

«Mis padres fueron amantes. Nunca se casaron de verdad. Valentina, yo y Facundo somos hijos naturales. Antes no podía decirlo, pero ahora sí encuentro orgullo y un placer y una revancha en usar esas palabras, en escribirlas sin avergonzarme ni juzgar ni pontificar ni victimizar a nadie. Antes no podía saberlo pero ahora sí sé que la historia de mis padres, como la de Nicolasa con el cura Gregorio Cartagena, o la de Luis Benjamín con Carolina Colichón, o la de Fernán con Esperanza Vizquerra, es la historia de una pasión que triunfa, una pasión que va en contra de un orden convencional, y que logra que una familia de palabras moral y culturalmente sucias como infidelidad-adulterio-bigamia-ilegitimidad se vuelvan, al menos para mí, amigables y limpias y dignas y sensibles y humanas. Me dan ganas de abrazar esas palabras, de acogerlas como si fuesen mendigos o perros de la calle; de nombrarlas y reivindicarlas por cada vez que alguien las rechazó, por cada vez que alguien prefirió dejarlas ocultas en el sótano de su biografía para regodearse con términos y sustantivos más aceptados».

Soy hija del segundo compromiso de mi padre. Y a los 15 años me dolió confirmar que su familia nunca nos quiso. Creo que todavía me duele, pero algo me consuela. Y es el álbum familiar que tengo en casa. Cuando veo las fotos de mis padres lo que siento es amor. No sé de qué material habrá estado hecho su amor, pero sé que fue lo suficientemente fuerte como para protegernos a mi hermana y a mí por dos años. Así como para Renato Cisneros, la palabra infidelidad es parte de su abolengo, para mí lo es la frase «las otras».

¿Alguien puede sangrar y decir lo suyo a tiempo y sin remedio? Yo creo que sí.  El Gaucho, por ejemplo. Él se hizo de la vida, a pesar de que su gran amor se convirtió en un matrimonio frustrado. Su vida fue una serie de metas laborales y, también, familiares. Llegó a ser ministro dos veces. Creó una familia dependiente de él. Pero sin quererlo, también hizo más lejana la distancia entre sus hijos y él. Quizá para acortar esa distancia es que él se dejó morir.

«(…) Controlaste hasta tu propia muerte. Te moriste en el momento adecuado: cuando yo todavía podía descubrir mis talentos y reeducar mi manera de ser. Si te hubieses muerto después quizá ya habría estado hecho muy a tu medida, y hubiese sido imposible o más difícil cobrar autonomía. (…) Si vivías más tiempo, hubiese crecido más influido todavía. Lo mejor que hiciste por mí fue dejarte morir».

La muerte del Gaucho significó el despertar de Renato Cisneros, hijo del Gaucho, y no del hijo del Gaucho (así, sin nombre propio). Fue un final doloroso, pero necesario. Las flores que crecían dentro de Renato pudieron salir y convertirse en primavera, y luego en estaciones. Pese a que siempre hubo una sombra que no lo dejaba tranquilo, la última oración del relato de su padre también se convirtió en la última herida cicatrizada de su padre. A través de la historia, Renato se reencontró consigo mismo. Y se reconoció en un pasado que ahora es tan suyo, como el padre que engendró en ese relato. En mi caso, terminar de leer «La distancia que nos separa» fue reencontrarme con mi padre y aprender a amarlo con los errores que mi madre, hermana y yo tuvimos que cargar, pero también significó agradecerle por algo. Su muerte. Mi madre me dice él que fumaba todo el día, que era un poco machista y que, los últimos meses de su vida, tomaba mucho. Dice que si estaría vivo, no me habría dejado estudiar en la capital, tampoco me habría dejado vivir seis meses fuera del país, y mucho menos habría aceptado mis caídas sentimentales. No. Él quería que sus hijas fuesen fuertes, valientes, pero que vivieran alrededor suyo. ¿Podría acaso yo atreverme a llamar vida digna a ese futuro incierto que nos habría esperado a su lado? No. Y hoy, como Cisneros, creo que mi padre es cicatriz, no es herida. Ya no.

«Do you live by the book? Do you play by the rules?

Do you care what is thought by others about you?

If this day is all that is promised to you

Do you life for the future the present the past?».

«¿Vives por un libro de reglas? ¿Juegas por las reglas?

¿Te importa lo que piensan los demás sobre ti?

Si este día es todo lo que te prometiste,

¿Es tu vida para el futuro, el presente, el pasado?».

la-distancia-que-nos-separa_renato-cisneros_leerlo-todo

leertodo.com

Zulma: La historia de un canto encarcelado (I parte)

Zulma G. vive en la Asociación de Vivienda Hubert Lanssiers, Chosica (Perú). Sus ojos son de color castaño. Tiene sesenta años. Nueve estuvo encerrada en el penal de máxima seguridad para presos por terrorismo, anexo 2 de Santa Mónica. Fue acusada de pertenecer al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. Es una mujer risueña y sin miedo a decir lo que piensa. En la asociación todo el mundo la conoce y, también, la respeta. Una de sus vecinas dice que estar en prisión no mermó su liderazgo; al contrario, la hizo más fuerte y desafiante. Sus labios son delgados. Casi nunca se los pinta.

En los ojos castaños de Zulma se puede descubrir un brillo de tristeza. Nadie ni nada podrá borrar de su memoria los nueve años que estuvo en prisión. Para ella, las disculpas públicas del expresidente Alejandro Toledo, con motivo de la presentación del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación en el año 2003, no sirvieron de nada. «¿Para qué pidió disculpas si después no hizo algo para mejorar nuestra situación? Nosotros solos hemos tenido que luchar para que se nos reconozca alguna reparación. Hemos hecho juicios. Esta propiedad es una reparación, que ha beneficiado a 780 indultados por terrorismo y traición a la patria», dice. Las patas de gallo que rodean sus ojos son notorias. Los años no han pasado en vano; hoy su rostro se encuentra marcado por arrugas y también pecas. Los recuerdos de aquellos nueve años de encierro vienen a la memoria y, también, los sentimientos que la embargaron en aquel entonces.

―Fui encarcelada el 13 de julio de 1990.

van-gogh-irises

Lirios. Cuadro de Van Gogh

Pena de muerte en los Estados Unidos: ¿Crímenes perfectos?

usa

Clayton Lockett. Créditos: http://www.huffingtonpost.es

El 29 de abril de 2014, Clayton Lockett, condenado a muerte  por violación y asesinato en el estado de Oklahoma (Estados Unidos), falleció de un ataque al corazón masivo, mientras estaba atado a la camilla donde intentaban acabar con su vida después de que se suspendiese su ejecución porque ―como él mismo balbuceó― «algo no andaba bien». Sí, Clayton Lockett vivió durante 43 minutos después de que se le inyectase el primer fármaco de los tres que componen el protocolo para acabar con la vida de alguien mediante la inyección letal. Paradójicamente, aquella era la primera vez que el estado de Oklahoma usaba en la ejecución de un reo el fármaco conocido como midazolam, un sedante que se vende bajo la marca comercial de Versed y que ahora sustituye a la anestesia con pentotal sódico, requerida según el protocolo de la pena de muerte. Adam Leathers, codirector de la Coalición para Abolir la Pena de Muerte de Oklahoma, acusó al gobierno estatal de haber «torturado a un ser humano en un acto malévolo experimental e anticonstitucional».

Ante la polémica suscitada por la ejecución fallida de Lockett, la gobernadora de Oklahoma, Mary Fallin, ordenó una investigación de los hechos y suspendió las ejecuciones durante las próximas dos semanas, además de exigir la investigación sobre la dosis de las drogas inyectadas. Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, calificó la ejecución de Lockett de «inhumana» y «profundamente preocupante»; anunció que solicitaría al secretario de Justicia analizar los problemas que rodean la aplicación de la pena de muerte en su país. La Organización de las Naciones Unidas criticó a Estados Unidos por el sufrimiento que padeció el condenado a muerte.

Cuatro meses después de su muerte, el Departamento de Seguridad Pública de Oklahoma determinó que «la viabilidad del punto de acceso de la vía intravenosa fue el mayor factor único que contribuyó a la dificultad a la hora de administrar los fármacos en la ejecución». La autopsia también detectó una gran concentración de midazolam en el tejido contiguo a donde se colocó la vía. Por tanto, «el acceso intravenoso no era viable» cuando se inyectó el fármaco. Una serie de críticas ha vuelto a colocar en agenda el debate nacional sobre el protocolo de la pena de muerte y la existencia de ésta, como forma de castigo en Estados Unidos.

CADENA DE NEGLIGENCIAS REABRE EL TEMA

Estados Unidos es el quinto país con más ejecuciones en el mundo. La pena capital existe en 31 de 50 estados del país. Aquello no quiere decir que todos ellos lo apliquen, sino que algunos aún la mantienen porque no la han derogado. Durante el año 2013, solo se realizaron 39 ejecuciones, una de las cifras más bajas desde 1976, año en el que se reinstauró la pena de muerte en Estados Unidos. En el año 2014, fueron 35; y para el 2015, 28. Sin embargo, según datos de Amnistía Internacional, a nivel mundial, 2015 fue el año en el que se registraron mayores ejecuciones: la cifra aumentó un 54%. Se ejecutaron 573 personas más que en el año 2014: 1 634 personas ejecutadas en 25 países. No obstante, la abolición de la pena de muerte ha ido en aumento: 102 países, que es la mitad del mundo, no la permiten.

Según el Centro de Información sobre la Pena de Muerte (DPIC), el descenso de ejecutados en Estados Unidos se ha debido a la postura de las farmacéuticas estadounidenses y europeas, que han cortado el suministro de sus medicamentos para el uso en inyecciones letales en cárceles norteamericanas. Al mismo tiempo, la Comisión Europea, prohibió la exportación de determinados medicamentos fabricados en Europa con destino a las prisiones norteamericanas. La inyección letal está validada en 18 estados de Estados Unidos. Y los centros penitenciarios norteamericanos empezaron a quedarse sin pentotal sódico, el anestésico que se usaba en las penas capitales para dormir al reo antes de inyectarle en vena las otras dos sustancias que acabaran con su vida (el bromuro de pancuronio, que paraliza todos los músculos ―excepto el corazón― y corta la respiración, y el cloruro de potasio, que detiene el corazón, provocando, ya sí, la muerte).

Debido a la falta de fabricantes que deseen elaborarlos, las prisiones norteamericanas se han visto obligadas a encontrar nuevos fármacos, que no han sido tan eficaces.  El 15 de septiembre de 2009, Romell Broom, condenado a muerte en Ohio, sufrió de 18 pinchazos fallidos a lo largo de tres horas. La ejecución tuvo que ser suspendida; el reo sobrevivió.

Una de las últimas ejecuciones que generó controversia antes de Lockett ocurrió el 16 de enero de 2014, fecha en la que el estado de Ohio ejecutó a Dennis McGuire con una nueva combinación de fármacos a causa de la escasez de fármacos como el pentobarbital. Se usó una combinación de midazolam —un sedante— e hidromorfona, un analgésico, según el Departamento de Correcciones del Estado. De acuerdo con el testigo, Alan Johnson, del diario Columbus Dispatch, el proceso de ejecución llevó 24 minutos y al parecer McGuire luchó por respirar entre 10 y 13 minutos.

Para los activistas en contra de la pena de muerte, la probable inconstitucionalidad en los protocolos que aplican la pena de muerte ―básicamente, las inyecciones letales― se encuentra en el hecho de que viola la Octava Enmienda de la Constitución estadounidense. Ésta prohíbe castigos crueles e inhumanos. Solo se garantizaría este derecho si se aporta la información requerida para asegurar que una ejecución no constituya una tortura. Sin embargo, las prisiones norteamericanas no han sido transparentes para explicar cómo hacen para conseguir los ingredientes para las inyecciones letales.

Además de la dificultad en el protocolo de las inyecciones letales, otro de los elementos que ha permitido abrir un debate sobre la vigencia de la pena de muerte en Estados Unidos es el número de reos condenados a pena de muerte que han sido absueltos. Desde 1976 hasta 2015, 152 personas han sido liberadas del corredor de la muerte. Una liberación que causó controversia ocurrió en marzo de 2014. Se trató de un afroamericano llamado Glenn Ford, quien fue soltado de la prisión de Angola, en la que permaneció 30 años. La condena se había dado, pese a que la investigación carecía de testigos oculares, el arma del crimen estaba desaparecida y la única testigo mantenía una relación con otro de los sospechosos y había admitido que mintió al jurado. El jurado que lo condenó era en su totalidad gente «blanca».

Amnistía Internacional declaró que Ford es una «prueba viviente de cuán erróneo es nuestro sistema de justicia». Otra ejecución que también fue considerada un «error del sistema de justicia que avala la pena de muerte» fue la ejecución del ciudadano Edgar Tamayo Arias, llevada en enero de 2014. La Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos lamentó dicha ejecución y afirmó que se trató de una violación del derecho internacional. Tamayo Arias había sido sentenciado a muerte por el homicidio de un policía en Texas en 1994. El destino del señor Tamayo fue decidido por una junta directiva que se negó a hacer un análisis de la evidencia de que tenía retraso mental, y de que su juicio fue injusto como consecuencia de la violación de sus derechos consulares.

En medio de este contexto, CNN y ORC efectuaron una encuesta a principios de 2014, en la que el 50% de los estadounidenses expresó que la pena para el homicidio debería ser la muerte, mientras que un 45% señaló que debería ser cadena perpetua. El margen de error de la muestra generó un empate estadístico. Al mismo tiempo, el 56% de los hombres respaldaron la pena de muerte y el 45% de las mujeres también. Dichas cifras representaron un avance en cuanto al rechazo de la sociedad a la pena de muerte si se comparan con los resultados de una encuesta elaborada en 2013. En una encuesta realizada por Gallup, se descubrió que el 62% de los estadounidenses creían que la pena de muerte era moralmente aceptable, mientras el 31%, la consideraba moralmente incorrecta.

CONFLICTO LEGAL-ÉTICO

La cadena de negligencias cometidas en varias ejecuciones reabrió el debate nacional sobre el protocolo de la pena de muerte y la existencia de la misma como forma de castigo en Estados Unidos. Se está desarrollando en un escenario de conflicto social-ético-jurídico. El debate es marcado por la eficacia y transparencia de los fármacos empleados para las inyecciones letales, el porcentaje de reos condenados a muerte liberados, la probable inconstitucionalidad en los protocolos que se aplica en la pena de muerte, el presidente de la República, quien ha ordenado una revisión de los procedimientos de ajusticiamiento que siguen en 31 estados y la presión internacional.  Es probable que el tema de la pena de muerte vuelva a ser debatido en el Tribunal  Supremo. El Tribunal Supremo es la única corte establecida por la Constitución de los Estados Unidos, que posee la facultad de revisión judicial y la facultad de declarar inconstitucionales leyes federales o estatales y actos de los poderes ejecutivos federales y estatales. Sus decisiones no pueden ser apeladas.